Sentir la angustia
SE SIENTE
A menos de una 48 horas de llegar a tierras zamoranas, en Michoacán, la sombra de la violencia, del crimen organizado, pero sobre todo del miedo, se hace sentir.
No es para menos. El territorio michoacano se ubica como una de las zonas más peligrosas de México, junto a Chihuahua, Nuevo León, Sinaloa y Guerrero, en donde suman más de 50 mil muertos (según las últimas cifras) a consecuencia de la llamada "Guerra contra el narcotráfico".
En el caso especifico de Michoacán, las regiones violentas tambien están identificadas, e incluso clasificadas por los ciudadanos como "intensas" y "donde matan de vez en cuando". Así más o menos me lo ha explicado la gente que aquí habita.
Fue el caso del conductor del segundo taxi que aborde en esta ciudad. La platica fue del estado del tiempo hasta la intervención del ejército en la entidad. Opinó que la labor de los militares es necesaria, pero insostenible. Él lo sabe: su hijo menor, de 20 años y militar enrolado hace menos de 1 año, fue "desaparecido" por el crimen organizado por el rumbo de Lazaro Cárdenas.
No sabe si fueron emboscados, secuestrados o se unieron al narco. Lo único que sabe es que su hijo intentó entrar dos veces a las fuerzas castrenses. La tercera fue la vencida, pero a un precio muy alto.
Mientras hablaba de su hijo "desaparecido", su mirada estaba fija en la avenida transitada, como si al frente estuviera la imagen de su hijo. No lo ha superado. Guardó un momento de silencio. Instante incomodo.
El taxista, un señor de aproximadamente 50 años, moreno, entrecano y con arrugas en la cara, tomó aire y me relató que aquí nadie esta seguro, ni siquiera la gente que vive al día, como él. Su oficio de ruletero es una de las más perjudicadas, pues han visto limitado su campo de trabajo a zonas más o menos seguras, las cuales son muy pocas. Zonas seguras, de plano no hay, dice.
Es de Manzanillo, donde la cosa tampoco es cosa de risa. Ahí trabajó hace más de 16 años, pero un buen día, luego de ser asaltado 6 veces, un pasajero le asestó tres puñaladas en el estomago. "De milagro estoy vivo", me dijo, mientras me señalaba con el indice la parte de su cuerpo donde había sido herido.
Luego de esa experiencia, emigró a casa de sus suegros en Zamora, ciudad tranquila en ese entonces, pero que al paso de los años se ha ido cubriendo de esa sombra, de ese miedo, de vivir con el Jesús en la boca, sin saber a quien "desaparecerán", o que droga decomisarán. Una ansiedad que se vive en todo Michoacán, me aseguró el taxista.
Al llegar a mi destino, me despido y le deseo suerte. "Muchas gracias, aquí se necesita de suerte para sobrevivir". Arranca mientras me quedo parado en la banqueta con mis maletas, las llaves de mi nueva casa zamorana y una angustia terrible en mi estomago, exactamente en la parte donde hirieron al ruletero.

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