BARA, BARA, LLEVE SU VIDA, BARA,BARA

"DE A TRES MELONES, NOMÁS"

"No vale nada la vida
la vida no vale nada
comienza siempre llorando
y así llorando se acaba
por eso es que en este mundo
la vida no vale nada..."
Así cantaba José Alfredo Jiménez hace algunos ayeres el inicio de una de sus canciones más famosas. Para los michoacanos esta primera estrofa es una gran mentira. ¡Claro que la vida vale! Si, tres mil pesos.
Así es. Léalo bien: Por escasos tres mil pesos una persona puede dejar de existir, por cortesía de usted, mía o de quien pague el costo mencionado.
Ya me lo aseguraba un funcionario educativo, que coincidió con lo que me contaba un taxista que a diario se enfrenta a este tipo de "solicitudes", y finalmente, lo corroboró un mesero de un restaurante de una exclusiva zona comercial.
Los tres personajes, en sus respectivos contextos y en diferentes momentos, coincidieron en que si uno tiene un enemigo personal, sea hombre o sea mujer, joven o anciano, existen drogadictos que pueden golpear salvajemente, acuchillar levemente o "desaparecer" a ese individuo que tanto le molesta. Claro, antes tiene usted que pagar la mínima cantidad de 3 mil pesos.
"¿Pero y cómo? Llegas y les pides tal cosa ¿así, nomás?", pregunté.
"Sí, joven. Así nomás", contestó el mesero.
"Y le sueltas la lana o les pagas la mitad?, insistí.
"¡Ah, no! Saben bien su trabajo. Les pagas todo desde le inicio, les explicas. Y ellos, más pronto que tarde, ya te tienen listo todo: "desaparecen" a quien tu les pidas.", me aseguró el funcionario.
"Aquí por los tres melones le "desaparecen" a quien sea, sin dejar rastro", enfatizó el taxista.
Lo que me llamó más la atención en los tres casos, fue que ninguno usó las palabras "matar" o "asesinar", como si eso cambiara el contexto de sus palabras.
¿Entonces puede uno mandar a matar a quien quiera?" Los tres ponen cara de sufrimiento e incomodez. Tal y como sospeche, le temen a la mención explícita de la muerte, aún cuando sea moneda diaria en estas tierras.
"Si, por eso, lo desaparecen", dice el funcionario.
"Aja", contesta el mesero.
"No lo diga así, se oye muy feo, ni Dios lo quiera la muerte ande por aquí y lo escuche", se sincera el taxista, mientras se persigna.








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