SOBRE LA MUERTE...

Puedes ser un político o un pobre don nadie (o "un hijo de vecino" como suele decir una de mis catedráticas preferidas de la carrera de Historia), pero uno siempre llega al mismo lugar. No importa como viviste. Si fuiste bueno, malo o mas o menos. Todos en alguna ocasión conoceremos la muerte. Independientemente si hay algo más allá del proceso natural de cerrar los ojos, de que el corazón dejé de latir y de que mi cerebro entre en descomposición, fuera de eso, la muerte es lo único en lo que podemos confiar. Una carta puede llegar o no. Un amor puede ser para toda la vida o
no. El trabajo ideal puedes conseguirlo o tener un trabajo odioso en toda tu existencia... pero lo que si es que morirás.
Lejos de ser un pesimista, creo que reflexionar sobre la muerte es lo más sano del mundo. Nos permite entender lo efímero que somos y determinar nuestras acciones, que si bien llegará para todos, pueden hacer a la muerte más interesante (dramática para quienes nos gustan los cuadros barrocos; cómica para quienes se ríen de todo o folklórica para los que tienen muy presentes sus raíces).

Ahí radica la diferencia de nuestras muertes. Yo por ejemplo, me encantaría una muerte entre el estilo dramático, tipo Marilyn Monroe o Edith Piaf y el colorido de las fiestas carnavalescas (campechanas, porque las mascaradas venecianas no van con mi estilo), con funerales tipo "Una papa sin catsup", con la contratación de lloronas, por aquello que en vida nadie me aguanta, y de seguro como cadáver nadie me llorará. Y como no hay velorio sin llanto, pues a juntar dinero para la contratación.
BtO
El prematuro agonizante


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